La colestasis del embarazo es una condición hepática que aparece casi siempre en el tercer trimestre y puede generar mucha ansiedad en las futuras mamás. No solo por el picor intenso que produce, sino por el miedo natural de no saber cómo puede afectar al bebé. Por eso, hablar de ella con calma y acompañamiento es fundamental.
💛 ¿Qué sienten realmente las mujeres que la viven?
Más allá del término médico, la colestasis se manifiesta como un picor persistente —especialmente en manos y pies— que muchas describen como desesperante, sobre todo por las noches. No siempre hay dolor ni se ve nada en la piel, lo que puede generar confusión o incluso la sensación de que “no es nada”. Pero sí es algo, y merece atención.
🤰 Un desafío físico y emocional
Cuando aparece, no solo se altera el bienestar físico. También llegan preguntas, miedos y la necesidad de respuestas claras. Muchas mujeres se sienten culpables o temen que algo no va bien con su cuerpo, cuando en realidad la colestasis es un cambio temporal provocado por las hormonas del embarazo y la forma en que el hígado procesa la bilis.
🩺 Acompañamiento y tranquilidad: lo más importante
La buena noticia es que, una vez detectada, existen controles y tratamientos que ayudan a reducir los síntomas y a proteger al bebé. Analíticas, monitoreo fetal y ajustes médicos se vuelven aliados. Lo más valioso es que la mamá no se sienta sola: tener un equipo de salud que escuche, explique y acompañe marca una gran diferencia.
👶 Un final positivo es posible
En la gran mayoría de los casos, con seguimiento adecuado, la colestasis no impide que la mamá y el bebé lleguen al parto de forma segura. El picor desaparece después del nacimiento y la vida continúa, aunque con la conciencia de lo fuerte y resiliente que puede ser una mujer durante la maternidad.


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