Las crisis de ausencia son un tipo de epilepsia que, a simple vista, pueden pasar desapercibidas. No siempre hay caídas, convulsiones visibles o movimientos bruscos. A veces, todo lo que ocurre es una pausa breve, un momento en el que la persona parece “desconectarse” del mundo.
Imagina a un niño en el aula que, de pronto, se queda mirando al vacío durante unos segundos. No responde cuando le hablan, no se mueve… y luego continúa como si nada hubiera pasado. Eso, muchas veces, es una crisis de ausencia.
¿Qué son exactamente?
Son episodios cortos (generalmente de 5 a 15 segundos) en los que el cerebro presenta una actividad eléctrica anormal. Durante ese instante, la persona pierde la conciencia brevemente, sin darse cuenta de lo ocurrido.
Afectan con mayor frecuencia a niños, aunque también pueden presentarse en adolescentes. No es falta de atención, ni distracción, ni desinterés.
Señales que suelen confundirse
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Mirada fija o “perdida”
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Parpadeo rápido
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Movimientos leves de labios o manos
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Interrupción repentina de lo que estaba haciendo
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Regreso inmediato a la actividad, sin recordar el episodio
Muchas familias y docentes tardan en notarlo porque estos episodios pueden repetirse varias veces al día y durar muy poco.
El impacto emocional
Más allá de lo médico, las crisis de ausencia pueden afectar la autoestima y el aprendizaje. Un niño puede ser etiquetado como “distraído” o “desobediente” sin serlo. Por eso, el diagnóstico temprano y la comprensión del entorno son clave.
¿Tiene tratamiento?
Sí. Con un diagnóstico adecuado y el tratamiento indicado por un especialista, la mayoría de los niños logra un excelente control de las crisis y puede llevar una vida plena y activa.
Un mensaje importante
Si notas episodios repetitivos de “desconexión”, no los minimices. Escuchar, observar y consultar puede marcar una gran diferencia. La epilepsia no siempre se manifiesta con convulsiones visibles; a veces, se esconde en pequeños silencios.
💛 Informarse también es una forma de cuidar.


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